Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo
Vencemos por la sangre del Cordero y por nuestro testimonio (Apocalipsis 12:11)

Nuestra Misión: dar testimonio de lo que nuestro Señor Jesucristo hace en nuestras vidas, por todos los medios disponibles; lograr que todos los hombres cambien sus vidas por medio del poder del Espíritu Santo de nuestro Dios.

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TESTIMONIOS

testimonio de conversión

Jueves, Diciembre 17, 2009

El Sacrificio en la Cruz por Nosotros

“Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz.[ Y despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” Colosenses 2:14,15.
Muchas veces me he sentido sin fuerzas, acorralado, destruido y desalentado. Es como si las huestes del mismo infierno se hubiesen lanzado contra mi. En momentos como eso necesito recordar las conquistas alcanzadas para mi en la cruz del Calvario por mi amado Jesús.
Pablo escribiéndole a los Colosenses enumera algunas cosas:
Cristo primero Anuló el acta de los decretos que había contra mi. El enemigo de mi alma, tenía ya preparado un expediente en mi contra, Jesús en el Calvario anuló esa acta muriendo por la cuenta que yo tenía pendiente. La canceló. La Pagó y el acreedor de mi alma quedó sin derecho para reclamar algo más de mi. Gracias Jesús por pagar mi deuda.
Pablo dice que no solo la anuló sino que la quito de en medio. Era como una pared. Ese expediente era un impedimento para ver cara a cara a Dios. Y El Señor Jesús la quitó. Dejó de ser un obstáculo.
En tercer Lugar dice el Apóstol Pablo que la clavó en la Cruz. Su mismo cuerpo clavado se hizo uno con mi expediente y ya el enemigo de mi alma no la podía volver a reclamar. Quedó fija, Clavada, se hizo una sola cosa con el cuerpo de Cristo y con la cruz.
En Cuarto lugar dice Pablo que “despojó” los principados y autoridades de las tinieblas. La idea acá al hablar de “despojo” es quitar las vestiduras y dejar desnudos. Los enemigos de mi alma quedaron al desnudo, avergonzados, sin ropaje alguno por la obra en la Cruz. Ellos quisieron avergonzarme a mi y quedaron avergonzados. Eso es muy grande para mi.
En Quinto lugar dice que los “ Exhibió” públicamente. Acá la figura es la misma que se usaba para describir a los soldados que regresaban de guerra y mostraba a la entrada de la ciudad los trofeos, las riquezas, los tesoros y los cautivos que ellos traían luego de la guerra. Si, Jesús en el calvario no solo desnudo las potestades sino que las exhibió públicamente como un trofeo de su conquista en la Cruz.
Finalmente Pablo dice que “triunfando” sobre ellos en la cruz. Acá la figura es de un triunfador. Cuando un triunfador llega a la meta y ala conquista, hay ovación, gritos de alegría. Imagínese un Estado Olímpico lleno victoreando al triunfador de una carrera olímpica, esa es la figura. No hubo silencio en el cielo. En el cielo hubo una gran algarabía de alegría y en el interno un silencio sepulcral. El Triunfador lo había logrado.
Hoy por lo tanto me apropio de estas conquistas y le hablaré con autoridad al Enemigo de mi alma, que ya él no tiene parte en mi vida.
Señor, Gracias por la gran conquista lograda por mí en el Calvario. Me puedo levantar de mis posiciones de derrota y angustia y pararme en el terreno frente al calvario para adorarte con toda mi alma y agradecer que el acta en mi contra fue anulada, canelada, quitada y clavada. En el Nombre de Jesús te doy gracias. Amén.

Un mensaje de:
Org. Hacia La Cima.
Tomado de Renuevo de Plenitud.
Publicado por Org. Hacia La Cima el 12/17 a las 04:40 PM
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Jueves, Mayo 08, 2008

TESTIMONIO DEL NICARAGUENSE DAVID GAITAN FUENTES

Nací hace 47 años en Managua, Nicaragua, a orillas del Lago Xolotlán, en un hogar donde nunca faltó nada. Tuve la dicha de tener unos padres preciosos, abnegados y soy el tercero de seis hermanos. Sin embargo, permítanme contarles que cuando comencé a tener uso de razón, empecé a observar que mi padre sólo furioso vivía, parecía que algo lo atormentaba desde sus años mozos, y ese ambiente en el que comencé a crecer provocó en mí muchos miedos, temores y mucha inseguridad en mí mismo. Estos miedos que yo sentía llegaron a tal extremo que cuando yo estaba en clases y no entendía lo que el profesor explicaba, yo no levantaba la mano para preguntar, pues temía que el profesor me regañara o que mis compañeros de clases se burlaran de mí. Mi padre también me obligaba a que sólo sacara 10 en conducta y no admitía quejas mías de ninguna índole de parte de ningún profesor. También mi papá cuando llegaba tomado de licor llegaba a castigar duramente a mis dos hermanos mayores, y era tanta la crueldad con que los castigaba que a mí me hacía llorar y le tenía miedo. El tiempo transcurrió y llegué a aprobar la educación primaria acarreando todos estos miedos, siendo un niño muy introvertido. Asimismo cursé mi secundaria hasta lograr bachillerarme y llegar a la universidad. Ya cursando la carrera de Ingeniería Civil a la edad de 20 años, mi padre por medio de un amigo me consiguió mi primer empleo, y es así que entro a laborar como ayudante de ingeniería y llego a una oficina donde sólo borrachos habían. Lo primero que me dijeron estas personas fue que el primer salario que yo devengara era “bebible”… ¿Cómo es eso?- pregunté yo inocentemente. Ellos me contestaron que el día de pago yo tenía que invitarlos a un restaurante porque si no lo hacía yo no pasaría la prueba. Muy obedientemente yo, el día de pago los estaba invitando a un restaurante, tal a como me amenazaron, y ese día probé mi primera cerveza, pero lo terrible de todo esto fue que me quedó gustando. Y fue así que comencé una carrera alcohólica que duró 24 años. Empecé a darme cuenta que no podía ingerir licor porque cada vez que lo hacía me convertía en un salvaje, en una bestia, en un ser despreciable, en un vulgar de primera. Empecé a irrespetar a mis padres, a no ser el hijo que ellos desearon tener, empecé a ser la vergüenza de mis hermanos, a ser la oveja negra de mi familia, pues empecé a beber los fines de semana primero, y posteriormente lo hacía todos los días. Y la situación en mi casa se tornó cada vez más desesperante, pues llegaba a hacer bochinches, escándalos, irrespetaba a los vecinos y yo era un desastre. A la par del alcoholismo agarré el vicio del tabaquismo y me volví también un fumador empedernido. Cuando ya tenía 4 años de estar con este alcoholismo, un día mi madre ya desesperada por el ambiente infernal que se vivía en mi casa por mi alcoholismo, me enfrentó y me increpó diciéndome que buscara cómo formalizar mi vida, que buscara yo como casarme, pues ya no me aguantaban. Recuerdo que le contesté a mi madre que yo no estaba loco y que por favor no me volviera a mencionar eso porque yo me sentía que estaba viviendo la gran vida y que no pensaba en casarme, y esto se lo dije de una forma vulgar e irrespetuosa. Fíjense que a los pocos meses que mi madre me dijera eso, en ese mismo año, apareció en escena la que hoy es mi esposa: una muchacha de 20 años de edad que venía del interior del país a la capital a seguir sus estudios superiores, a buscar un futuro mejor para ella y su familia. Ella llegó a laborar a la misma institución donde yo trabajaba, y yo al verla, me enamoré tanto de ella que busqué la manera de cómo conquistarla; empecé yo a cortejarla y a demostrarle algo que yo no era. Fíjense que ella al fijarse en mí, lo primero que me preguntó fue que si yo bebía guaro. Claro que se lo negué y cuando estuvimos de novios por espacio de 11 meses, ella se lo creyó, y fue así que transcurrido todo este tiempo, nos casamos. Al casarnos, ella no se imaginaba el calvario al cual estaba entrando, pues yo, antes del mes de habernos casado empecé a sacar las uñas, empecé a demostrarle quien era yo: un verdadero alcohólico; y esta muchacha se llevó la peor decepción de su vida, pues ella venía buscando algo bueno, algo mejor, y ya ven con lo que se fue a encontrar. Posteriormente, nace mi hija mayor Luisa Marcela, quien tiene en la actualidad 21 años, y cuando ella nació, empezó a crecer viendo a su padre cómo llegaba todos los días borracho haciendo escándalos, bochinches, gritándole a su madre, a ella misma, pateando lo que encontrara a su paso, quebrando todo, y esta niña llegó a tenerme miedo, pues cada vez que yo llegaba bien bolo, picado, embriagado, ella se escondía debajo de la cama, esta niña temblaba, vivía en un ambiente infernal. Y yo no medía las graves consecuencias que estaba ocasionándoles a mi esposa y a mi hija con mi mal proceder por el alcoholismo, pues yo notaba que en mi trabajo a mí nunca me llamaban la atención por llegar con aliento alcohólico, de goma o resaca, más bien notaba que en la medida que iba yo avanzando académicamente, me aumentaban mi salario y me promovían de puesto, entonces yo creía que estaba llevando una vida normal. Fíjense que producto de este alcoholismo pasé alquilando casa por espacio de 15 años, jamás me preocupé por comprarles un techo digno a mi esposa y a mis hijas. También me metí a problemas financieros, pues adquirí dos tarjetas de crédito; y ojalá éstas hubieran sido para proveer a mi casa, eran sólo para andar bebiendo guaro, despilfarrando el dinero que no era mío en francachelas, bacanales, pues ya borracho me agarraba por andar invitando a gente que ni siquiera conocía… ¡me convertí en un ladrón de mi esposa y de mis hijas, pues les robé el sustento al que ellas tenían derecho! Llegué a tener problemas de salud, pues como ya no podía pagar las tarjetas de crédito porque estaban topadas hasta el límite, y además que fiaba en las pulperías guaro para seguir bebiendo, esto provocó que padeciera de insomnio e ingiriera pastillas para poder dormir: diazepán, ansiolíticos, calmantes, etc. Ya desesperado por tantas deudas, un día de tantos intenté lanzarme de la ventana del segundo piso de una de las casas que alquilaba. Bueno, así estaba mi vida, y se me presentó la oportunidad de salir de estos problemas… ¿Cómo? Una mañana llegó un ingeniero a proponerme que le hiciera un trabajo: un diseño vial, pues, ésta es mi especialidad. El me pagó como tres veces el salario que yo devengaba en ese momento, pero como siempre, dinero que agarraba, dinero que me lo cruzaba por la garganta en licor. No obstante, al mes siguiente, el mismo ingeniero llegó a mi oficina y esta vez me propuso que renunciara a mi trabajo para que me fuera a trabajar con él a otra institución, en la cual ganaría un salario siete veces mayor que el que devengaba en ese momento y que llegaría a ocupar un puesto en el cual sería jefe de una oficina. Después de pensarla como por espacio de 15 días, y por los miedos que yo acarreé todo el tiempo de mi vida, a mí me costó tomar una decisión rápida y temía que ese ingeniero me estuviera tomando el pelo. Además, el alcoholismo me tenía con el cerebro obtuso, pues yo creía que porque tenía hasta este momento de laborar 13 años ininterrumpidamente, yo no podría tener la capacidad de poder trabajar en otro lado y que allí permanecería hasta que yo muriera. Efectivamente, pasé a laborar para esa institución por espacio de 8 años, y llegué a ocupar un puesto en donde era yo el que revisaba y aprobaba los proyectos viales, y es así que mi alcoholismo creció como una bola de nieve, pues los interesados en dichos proyectos para conseguir algún favor o ayuda de mi parte, ellos me invitaban a diario a restaurantes, bares para beber licor desmedidamente. Las deudas también crecieron de una forma exorbitante, pues ya en este período ya no eran dos tarjetas de crédito las que yo tenía sino que eran cinco, y como siempre, no proveía con ellas nada para la casa y sólo eran para andar bebiendo más guaro y haciendo cosas indebidas y pecaminosas. En este período nace mi segunda hija Marjorie Guadalupe, quien tiene en la actualidad 14 años, y se une al grupo de las personas que sufrieron por mi alcoholismo. Y yo me iba convirtiendo en un ser más prepotente, era más vulgar, era un gran soberbio, orgulloso, vanidoso y cada vez era más insoportable la situación en mi casa porque yo llegaba haciendo más escándalos, ofendía al vecindario, había convertido mi casa en un infierno. Ya en este período llegué a deberle a la persona que me alquilaba la casa un año de renta, es decir, la cantidad que arañaba los dos mil dólares, y lo peor del caso era que esta persona laboraba en la misma institución en donde era yo funcionario, entonces esta persona me cobraba todos los días no importando donde yo estuviera o con quien yo me encontrara… ¡era una situación desesperante la que yo estaba viviendo, ya no se diga mi familia! Así estaba mi vida cuando una mañana, un ingeniero que ya falleció, me llamó a su despacho para decirme que un grupo de consultores japoneses vendría a Nicaragua a hacer un estudio y que se escogería a un ingeniero vial que trabajaría con ellos. Yo le dije a esta persona que escogiera al que quisiera, pues yo en ese momento pensaba nada más en cómo resolver el problema financiero que estaba atravesando y ya pendía sobre mí la amenaza de desalojo de parte de la persona que me alquilaba la casa. Fíjense que yo fui el escogido, y es así que paso a trabajar con estos japoneses a otra oficina. Pero ya estando en ese lugar, yo no sentía paz, sosiego, pues estaba tan atribulado con tantas deudas que ya no hallaba qué hacer, ya no aguantaba a los cobradores que llegaban a buscarme en unas motos bulliciosas, me escondía para que no me encontraran… era terrible aquella situación que no se la deseo a nadie. Así estaba mi situación, cuando una tarde hice una oración por escrito en una computadora que yo tenía asignada sobre mi escritorio, y fíjense que a los tres días de haber hecho aquella oración, me mandó a llamar el jefe de la misión japonesa a su despacho para decirme que yo iba para Japón a realizar un posgrado. Sinceramente señores, a mí no me dio frío ni calor esa noticia porque yo lo que deseaba en ese momento era que el japonés me dijera que me estaba entregando un fajo de dólares para que fuera a pagar lo que debía, pero dije yo en mis adentros: ¿Y qué gano yo con este viaje? Fíjense que afortunadamente ellos me enviaron a Japón, y era la primera vez que yo salía de mi país; y hoy entiendo que había un propósito con ese viaje, pues con los viáticos que me dieron pude pagarle a la persona que me alquilaba la casa y que me había amenazado con el desalojo, pagué las tarjetas de crédito, los lugares donde fiaba el guaro, y como siempre, las sobras eran para mi esposa y mis hijas, siempre las dejé en último lugar. Estando en Japón, en vez de tomar una actitud de agradecimiento, una actitud de escarmiento, por haber salido de los problemas hacía unos días antes, allá seguí bebiendo guaro, tal como si no hubiera pasado nada, así era yo de irresponsable y de yoquepierdista. A mi regreso a mi país, inmediatamente en mi trabajo me ascendieron de puesto, me incrementaron mi salario, me asignaron vehículo, celular, viajé a otros países como México, Estados Unidos, Canadá, me concedieron muchas prerrogativas, en síntesis, me dieron a probar las mieles del poder, y eso provocó que mi ego creciera más, me volví más soberbio, más orgulloso, más arrogante, y en mi casa era más prepotente, más vulgar, yo me consideraba la octava maravilla y la divina garza, el ambiente en mi casa era más desesperante, mis hijas ya no me veían del todo porque yo les decía que andaba trabajando, que estaba en reuniones… ¡mentiras, bebiendo y despilfarrando el dinero es que estaba! Hoy entiendo y reconozco que a mi esposa y a mis hijas les robé el tiempo de calidad que ellas se merecían, no les di amor que ellas necesitaban. Estando viviendo esta situación, llegó el momento en que hubo un cambio de autoridades en la institución donde yo trabajaba, y estas personas llevaron a su personal de confianza lo que provocó que comenzaran a despedir a los trabajadores, y fue así que yo puse la renuncia a mi cargo con prepotencia, vanidad y orgullo porque yo decía que yo no iba a permitir que nadie me pusiera las manos encima, y además que yo poseía un currículum que no cualquiera lo tenía, y me jactaba que había estudiado en Japón y que había viajado a otros países. También expresé con mucha soberbia, que yo poniendo mi renuncia, al día siguiente encontraría un empleo donde a mí se me antojara. Miren señores, a partir de ese día, a mí se me cerraron las puertas, pues empecé a buscar empleo y no pude encontrarlo por espacio de 3 años. Y es así que en este período, ya sin dinero, mi alcoholismo llegó a unos niveles degradantes, como ya no podía comprarme aquel guaro fino que yo bebía, entonces empecé a beber guaro del más barato: guarón, lija, cususa (nombres de aguardientes que se mencionan en mi país), y ya no bebía por gusto sino que bebía guaro por desesperación, pues llegué al extremo de no tener ni para el pasaje de un bus. Y es así también, que ya desesperado al llegar a la casa y encontrarme con sólo problemas, llegué al extremo de agredir físicamente a mi esposa y a mis hijas. Cada vez que mis hijas me pedían algo de comer, yo las agredía; cada vez que mi esposa me decía que hacía falta algo, yo la golpeaba… ¡era desesperante esta situación! Yo lo que hacía era ocultarme en el alcohol para no enfrentar la realidad. A estas alturas mis hijas y mi esposa me corrieron de la casa, ellas no soportaban verme, en ellas habían grandes resentimientos, odios en sus corazones, pero cómo no iban a haberlos si yo fui un salvaje, un verdugo con ellas. Así estaba mi vida sin deseos de seguir viviendo porque yo me consideraba una basura, una lacra, un inepto, cuando una mañana llegó una mujer a invitarme a un desayuno, a que visitara un capítulo de la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO; ese día entré a ese restaurante y yo no salí igual de ese lugar porque algo precioso me sucedió esa mañana que es lo que quiero compartirles: Ese día me presentaron a un amigo fiel, que hoy gobierna mi vida, y Él es: JESUS DE NAZARET. Esa mañana yo repetí una oración, y para honra y gloria de mi Cristo Jesús, hoy tengo 4 años y medio de no consumir lo que es una gota de alcohol, de no fumarme un cigarrillo, de haber sido sanado de la diabetes para honra y gloria de Su Santo Nombre, de tener un hogar restaurado completamente por este amigo fiel que es JESUS DE NAZARET, de tener un negocio propio donde Él es mi jefe principal. Hoy tenemos una casa propia en donde se mueve el Espíritu Santo de Dios. Hoy en mi casa ya no se respira ese ambiente de violencia familiar, hoy lo que se respira es paz, gozo, alegría, amor que sólo Cristo Jesús nos ha podido dar. Hoy mi esposa, mis hijas y yo le servimos a Cristo Jesús en los capítulos de la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO porque estamos eternamente agradecidos por lo que Él ha hecho en nuestras vidas y puede obrar en la tuya a partir de hoy si te dispones a aceptarlo como el Señor de tu vida. Finalmente, sólo quiero pedirte que repitas conmigo esta pequeña oración, allí frente a tu computadora, que fue la que permitió que Cristo Jesús entrara a mi vida: “Padre Celestial, te pido perdón por todos mis pecados. Hoy reconozco y acepto a tu Hijo Jesucristo como mi Único Señor, mi Único Salvador y mi Único Redentor de mi vida y creo firmemente que Él murió por mí en la Cruz del Calvario y que al tercer día lo resucitaste de entre los muertos. Te pido que hagas de mí la persona que tú quieres que yo sea. Todo esto te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y Amén.”
¡Muchas gracias!
DAVID GAITAN FUENTES
Managua, Nicaragua
Publicado por Ing. DAVID GAITAN FUENTES el 05/08 a las 09:58 AM
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Lunes, Abril 28, 2008

DEL NARCOTRAFICO A LOS PIES DE JESUS

TESTIMONIO
6 De Septiembre 1983
Primera Parte

ENGEL ARIZA, EX –CONVICTO EN LOS EE UU – HOY MINISTRO DE CRISTO


Es un privilegio poder testificar acerca de la bondad de nuestro Señor Jesús Cristo, y de Su misericordia para los que anduvimos en tinieblas.

Todo comenzó aquella mañana del 6 de septiembre de 1983. Cinco años antes de esta fecha tomé la decisión de cambiar el rumbo de mi vida ingresando a negocios de tráfico de droga. Tenía algunas ventajas que para ese entonces me facilitaron un rápido ingreso al negocio, pues hablaba fluidamente el idioma Inglés, tenía una buena educación y po-seía excelentes relaciones públicas.

Pude conocer hombres que en el transcurrir de los días delictivos obtuvieron fama en el mundo criminal, pero la mayoría de ellos fueron asesinados, otros están aún purgando condena, y unos pocos se reti-raron millonarios.

Regreso a aquella mañana del 6 de septiembre. Era la última ope--ración que decidimos efectuar. En ella pusimos todo nuestro empeño y operacionalmente fue un éxito. La heroína introducida en los Estados Unidos no pudimos mercadearla tan pronto como llegó pues nuestro comprador en Chicago - a través de nuestro contacto en Puerto Rico - tuvo problemas de arrestos federales en su grupo.

Uno de nuestros socios, el piloto que había volado desde Colombia a los Estados Unidos con la heroína camuflada en las alas de nuestro equipo Cesna se ofreció a ayudarnos en la venta, en lo cual estuvimos de acuerdo. Estábamos optimistas porque durante una semana estuvo negociando telefónicamente con el supuesto comprador que vivía en Georgia. Aquella mañana del 6 de septiembre sería nuestro día grande.

Bobby Jenkins, nuestro socio y piloto me llamó alrededor de las nueve de la mañana pidiéndome que estuviera con él al hacer la venta. Me negué a ello, pues en nuestro código de trabajo nunca negociá-bamos con alguien a quien no conociéramos ampliamente, lo cual en lo personal me libró siempre de muchos problemas. Obviamente, él tenía temor porque la transacción era de un millón y medio de dólares. Dos personas que trabajaban para mí me insistieron que fuese a respaldar a mi piloto en esa transacción, y yo acepté hacerlo.

Después que el piloto hizo algunas llamadas alrededor de las diez y media de la mañana desde su casa a los compradores, nos dirigimos al restaurante del Hotel Howard Jonson en Fort Lauderdale para arreglar los movimientos de entrega.

Llegamos al restaurante y nuestro piloto continuó con el trato. Quince minutos después las personas que estaban allí fingiendo ser clientes se levantaron empuñando sus armas, nos rodearon y declararon que estábamos arrestados.

Es difícil explicar cómo corren las emociones en esos momentos. Los fuertes y nerviosos gritos llenos de insultos de la policía son las tác-ticas de intimidación que usan cuando hacen sus arrestos. Se formó el gran alboroto en el hotel.

Fui arrestado a las once y media de la mañana bajo cargos de conspiración, tráfico y distribución de heroína. Mis brazos fueron espo-sados fuertemente a mis espaldas y fui sometido a un largo interro-gatorio. Después de mas de diez horas de investigación me condujeron a un Centro Correccional de Máxima Seguridad. Eran casi las 12 de la noche de ese 6 de septiembre. La guardia del Correccional después de tomar huellas y recibir bajo custodia mis pertenencias personales me entregaron entonces el uniforme de reo y después de ponérmelo, me guiaron a través de unos pasillos a la celda que me fue asignada. Aún recuerdo que era la 4B, en la Sección 6, y habían 8 celdas en total.

A la mañana siguiente me llevaron a la Corte Federal.

Después que la Juez escuchó los cargos de acusación de parte de la Fiscalía me fijó una fianza de un millón de dólares que por supuesto, yo no tenía. Después de esta audiencia me regresaron al Correccional y me prometieron que para mi próxima audiencia me asignarían un Defensor Público.

Meditando en ese momento en mi delito, yo sabía claramente que no existía ninguna posibilidad de recobrar nunca mi libertad puesto que mi ofensa federal por tráfico de heroína era algo grave en los Estados Unidos. Esa mañana, en la Corte, aún sabiendo el problema en que me encontraba me sentía tranquilo en mi espíritu. Usted puede preguntarse lo siguiente: ¿cómo puede un hombre frente a circunstancias tan adver-sas mantenerse tranquilo? ¿Cómo puede un hombre estar sosegado en semejantes circunstancias?

Déjeme compartir con usted la razón de mi sosiego. Después de la medianoche del día que fui arrestado ese 6 de septiembre y haber pasado por todos los procesos normales de ingreso a la prisión uno de los carceleros me condujo a la celda que me asignaron. Era como la una de la madrugada cuando la reja de mi celda se cerró detrás de mí. Nunca podré olvidar el ruido fuerte y seco de esa reja. Creo que todo hombre que ha pasado por una experiencia carcelaria conoce perfectamente esa clase de ruido.

Minutos después de haberse alejado el guardia comencé a caminar por la estrecha celda donde solo había una dura cama de hierro y un inodoro blanco. Sobre la cama, una sábana doblada en lugar de almo-hada. Había una pequeña claraboya por donde penetraba el escaso res-plandor de un farol externo.

Pasaron como quince minutos. Luego, a mi celda, entró un destello de luz que desapareció rápidamente.

Sé que fue algo sobrenatural. Mis piernas se debilitaron al instante. Caí de rodillas. No pude evitarlo. Alcé instintivamente mis manos y lágri-mas comenzaron a caer sobre mi rostro. Lloraba como un niño.

No lloraba por temor a lo que me esperaba. Yo estaba preparado como cualquier narcotraficante a enfrentarme a la ley el día que fuera arrestado. Lo que sí sabia era que algo interno estaba ocurriendo dentro de mí y yo no podía controlarlo.

En esta maravillosa experiencia que me estaba aconteciendo co-mencé a hablar con El, con el Dios que solo de oídas conocía.

Después de esta experiencia sobrenatural me puse de píe. Busqué mi cama y me senté. Había sido un día de mucha tensión. Estaba can-sado. Hambriento.

Entonces decidí acostarme.

Al poner mi cabeza sobre la sábana que estaba allí doblada algo me golpeó.

Levanté inmediatamente la sábana y debajo de ella estaba una Biblia. Cuando la vi me alegré inmensamente. La tomé en mis manos y me puse nuevamente de píe acercándome a la escasa luz que penetraba en mi celda.

Abrí desesperadamente esa Biblia y al abrirla Dios me llevó al Salmo 27 donde leí:

"JEHOVÁ ES MI LUZ Y MI SALVACIÓN; ¿DE QUIÉN TEMERÉ? JEHOVÁ ES LA FORTALEZA DE MI VIDA; ¿DE QUIÉN HE DE ATEMORIZARME? CUANDO SE JUNTARON CONTRA MÍ LOS MALIGNOS, MIS ANGUSTIADORES Y MIS ENEMIGOS, PARA COMER MI CARNE, ELLOS TROPEZARON Y CAYERON".

Leí hasta el alba y luego el sueño me venció.

Pero después de acostarme, tuve una visión de sueños de esta manera:

"Caminaba por un valle hermoso iluminado por una luz que no era la del sol. Iba cabizbajo y triste. De pronto vi. los pies de alguien y me detuve, alcé mi rostro y entonces lo vi. Era un hombre de aspecto dulce y amable. Me preguntó: ¿Adónde vas? Le respondí: No sé. Entonces, extendiendo su mano, me entregó una pala y me dijo: Cava! Entonces comencé a cavar y al hacerlo encontré enterrado allí unos pergaminos. Los tomé en mi mano y le dije a El: Son unos pergaminos. Y El me dijo: Sí, son pergaminos, tienes que cavar diez hoyos y en cada uno encontrarás un rollo de pergaminos. Me puse inmediatamente de pie y me quedé mirándolo. Su rostro era peculiar, sus ojos miraban como ningún hombre mira, y su leve sonrisa era grandemente bondadosa. Se dio la vuelta y comenzó a alejarse de mí. Mientras se alejaba yo quería correr tras El. Luego, vi que se detuvo. Se volteó y me miró. vi su sonrisa y había tanto amor en El cuando sonrió. Y luego, desapareció."

Solo quiero glorificar el nombre de nuestro Dios, mostrando la ma-nera en que El vindicó el Salmo 27: Joseph Price, el sargento federal que había dirigido mi arresto fue arrestado quince días después bajo los mismos cargos que la Corte Federal de los Estados Unidos tenía contra mi. Dios, en forma inexplicable, había preparado a este hombre para to-mar mi lugar.

El era el testigo principal de la Fiscalía, y el gobierno no lo pudo usar en mi contra debido a que este agente había perdido todo privilegio y credibilidad federal.

A los cinco meses de mi arresto, la Corte Federal después de una serie de arreglos con mi abogado tuvo que darme mi libertad condicio-nal y anular la fianza de un millón de dólares.

SEGUNDA PARTE

En la primera parte de mi testimonio terminé diciendo que a los cinco meses después de mi arresto la Corte me otorgó libertad condi-cional. La fianza de un millón de dólares que me habían puesto se redujo a la firma de un fiador, mi amigo Henry Vega y a la mía. Pues al haber transcurrido mas de 120 días sin que la Fiscalía me trajera a juicio y me condenara la ley automáticamente obligaba al Honorable Juez Sr. Clyde Atkins a liberarme de la cárcel por requerimiento de mi abogado, el señor Gerardo Remy.

Teniendo ya una relación íntima con mi el Señor Jesús y estando en mi tercer día de ayuno, oí la voz de uno de los guardias diciéndome que recogiera mis pertenencias porque estaba libre.

Era el mes de Enero de 1,984. El clima en Florida estaba bastante frío. No tenía dinero conmigo. No tenía un abrigo. No tenía ropa. Había perdido mi automóvil y mi apartamento. Días antes de salir de la prisión hice algunas llamadas a algunos amigos pero sin ningún resultado. Pero al salir de la cárcel llamé a mi socio cubano llamado Ricardo Gaetano y su esposa Deisy me contestó.
Después de saludarme me puso en espera mientras él venía a hablar conmigo. Llego a este detalle solo para comentar que con este socio tenía ciertas inversiones en común: un barco, un yate y dinero de un último negocio que hicimos todo lo cual ascendía a más de cuatro-cientos mil dólares.

Mientras esperaba que Ricardo viniera al teléfono, tiritando de frío dentro de la cabina telefónica desde la cual estaba llamando, gracias a que un guardia me regaló $0.25 para hacer dicha llamada, sentí una voz casi audible que me dijo: ¿No te he sacado de la inmundicia? ¡No to-ques ni pienses mas en ese dinero!

Colgué inmediatamente el teléfono. Pedí perdón al Señor. Luego lla-mé a mi amigo Henry Vega y le pedí el favor de recogerme frente a la cárcel sin saber adónde iba a dormir esa noche.

Déjeme explicar otro tanto más sobre el agente federal que me arrestó, el Sargento Joseph Price. Cuando vi en la televisión la noticia sobre su arresto, quince días después que él efectuó el mío, quedé impresionado.

Jamás hubiera pensado que ese hombre era un traficante de drogas. Al día siguiente de su arresto uno de los reclusos se acercó a mi celda a las seis de la mañana y me dijo: - Colombiano, levántate y mira a quien tienes de vecino – Le pregunté: ¿A quién? Me respondió: - A Joseph Price.

En ese momento no sentí nada en contra de ese hombre, excepto pena por el error que él había cometido. Esa misma mañana, desde mi celda, llamé al sargento Price.

Después de llamarlo dos veces me preguntó: ¿Es usted el señor Ariza? No nos podíamos ver los rostros.

Le dije: - Sí. Le pregunté qué había pasado y me dijo: - Errores. Luego agregó lo siguiente: - Recuerdo su arresto. Usted parece un buen hombre solo que se equivocó de negocio, además, usted no va a tener problemas con su juicio porque la mercancía que llegó al laboratorio, fue una mercancía diferente a la suya - Aproveché esta conversación para decirle que yo estaba muy agradecido con él por haberme arrestado porque esa misma noche yo había tenido una experiencia con Dios en esa celda, que había encontrado allí una Biblia y que me sentía muy contento. El se alegró mucho y me pidió que orara por él, por su esposa y por sus hijos. Esa tarde y el día siguiente jugamos ajedrez de una celda a la otra. Los otros reclusos que veían esto se burlaban. Lo que ellos no entendían era que algo había sucedido dentro de mí.

Como dije anteriormente, salí en libertad condicional. Esto me re-quería llamar dos veces por teléfono a la Oficina de Probatoria, además de ir a firmar dos veces un libro que garantizaba mi presencia física en el país.

Aún cuando todo eso estaba bien, mis problemas personales continuaban. No tenía dinero, no tenía trabajo, no tenía casa. Un amigo me abría por las noches el carro de su mamá para que yo durmiera allí pero a las seis de la mañana regresaba a abrirlo para que yo saliera. Me acerqué a la Iglesia Bautista para pedir ayuda y no la recibí. Eso no indica que ellos no ayuden, simplemente era un trato de Dios conmigo. Sin embargo, Dios me abrió un lugar donde pasar la noche. El hermano Armando Rodríguez abrió la primera radio cristiana en Miami (Radio Hispano Cristiano) en el horario de 10:00 PM a 6:00 AM, y allí pasaba la noche ayudando en la emisora y teniendo compañerismo con los hermanos.

Después de un largo mes de estar sobreviviendo así, conocí en la Emisora al hermano Rafael Maldonado, uno de los cuatro ancianos de una pequeña congregación apostólica. Este hermano me llevó esa misma noche a su apartamento y me acomodó en la mejor cama sobre la cual he dormido en mi vida, ya que llevaba mas de siete meses sin dormir en una cama normal.

No solo me recogió en su casa, sino que me dijo lo siguiente: “Engel, creo que usted debe descansar un poco. Quédese aquí tranquilo el tiempo que sea necesario. Lo que está en la refrigeradora tómelo con confianza. Pero lo mas importante es que usted ore y estudie. No necesita ir a un Instituto Bíblico. Aquí tiene mi biblioteca. Estudie las Escrituras y anote lo que no entienda para que lo estudiemos por la tarde cuando yo regrese del trabajo. Aquí hay libros de Teología, Herme-néutica, Evangelismo, en fin, estudie lo que desee. Prepárese. Dios tiene un plan para usted”.

Así comenzó el Señor a obrar en esta nueva etapa espiritual en la cual entraba. Junto a estos cuatro varones del Señor y en esa humilde congregación apostólica, mi vida espiritual fue impactada por el amor genuino que fluía en medio de ellos.

Esa fue mi primera experiencia sobre la definición de vida eterna. Pues vida eterna es vivir para los demás. Tres años después el Señor me llamó a Su ministerio.

Yo debía continuar reportándome a la Oficina de Probatoria como dije anteriormente y la Corte me notificaría sobre las audiencias finales. A los dos años Probatoria me dijo que ya no era necesario continuar reportándome con ellos. El tiempo continuó pasando y yo continuaba creciendo en el servicio del Señor.

Mi caso aún estaba abierto pero la Corte Federal no me citaba aún y eso no lo podía comprender. De tal modo que comencé a orarle al Señor para que El me guiara porque ya habían transcurrido ocho años de estar en la nación bajo libertad condicional. Durante todos estos años viajaba cada dos meses a Nueva York y otros lugares para ministrar al Señor y participaba en el Ministerio de Prisiones predicando cada quince días en el Penal de Indiantown en Florida e hice parte de los ministros miembros de la Coalición de Miami para una Comunidad Libre de Drogas. Allí alternaba con Jueces, Fiscales, Detectives y Policías que no sabían nada sobre mi vida pasada y aportaba como muchos mis ideas sobre el pro-blema de drogas que sufrían las comunidades. Marilyn Wagner era en ese entonces la Directora de la Coalición.

Como el espacio no es suficiente para continuar con tantos detalles resumiré lo que sucedió después de orar y pedirle a la iglesia que pastoreaba que también oraran por mi caso federal que estaba muy extraño.

Escribí una carta al Juez Atkins. A los treinta días me respondió diciendo que el archivo de mi caso se había extraviado y que fue en-contrado en Atlanta, pero que terminara cualquier asunto personal que tuviera porque la Oficina de Alguaciles me visitaría para detenerme y traerme a la Corte.

Dos semanas después dos alguaciles vinieron a mi apartamento. Fueron muy amables. Me expresaron el motivo de su visita. Les dije que ya lo sabía. Luego agregaron lo siguiente: “Sabemos que usted es ahora un pastor y no quisiéramos detenerlo aquí. ¿Por qué no llama a alguien de confianza para que traiga su carro de regreso y poder así detenerlo fuera del edificio?”. Dios siempre tiene un trato especial, muchas veces, con sus hijos. De esta forma regresé a la Corte Federal frente al Honorable Juez Atkins.

Para que la Fiscalía cerrara el caso tuve dos opciones: Declararme INOCENTE y recomenzar el juicio o declararme CULPABLE. Me declaré culpable porque realmente yo fui culpable delante de Dios por haber ele-gido vivir fuera de sus leyes. Pude posiblemente ganarle el juicio a la Corte pero nunca iba a salir inocente delante de Dios por mentiroso.

Para cerrar el caso, al Juez Atkins solo lo quedó la opción de re-gresarme a la prisión por el término de noventa días.

Regresé gozoso a la cárcel y comencé a predicar esta vez el Evan-gelio de Jesús Cristo. Un grupo de hermanos reclusos creyeron en el Calvario de Jesús.

Al pasar los noventa días yo debía salir aunque no tenía mucha prisa. Estaba contento de servirle también allí al Señor Jesús. Esta vez la Corte volvió a errar. No me asignó un abogado defensor y los noventa días se convirtieron en ciento veinte días. Pero el Señor Jesús cuidaba la Iglesia en Miami y ellos continuaban orando por mí.

Un compañero de prisión me habló sobre su abogado que venía a visitarlo al día siguiente. Al decirme su nombre supe que su abogado fue el Fiscal que me acusó en mi caso. Ahora el señor Hershey no era ya un Fiscal de la Corte sino que tenía ahora su propia Oficina Legal.

Le pedí a mi amigo que me dejara hablar con el señor Hershey ese día. Cuando me tocó el turno de hablar con él y me vio se acordó inmediatamente de mí. Habían pasado ocho años. Y me dijo: ¿Otra vez en problemas, señor Ariza? El mismo hombre que Dios usó como un Fiscal en contra mía fue el mismo abogado defensor que el mismo Dios usó para para sacarme de la prisión esta vez, pero que por cuestiones técnicas él mandó a su asistente. Tres días después de hablar con el señor Hershey, el juez Atkins me absolvió finalmente del caso.

Era un hombre libre y sin ninguna deuda federal pendiente con los Estados Unidos de América. El juez puso públicamente en alto mi con-ducta en la Sala y aseguró que nunca en su carrera judicial había tenido un caso tan singular de un reo como yo.

Sucedieron dos cosas interesantes ese día: el Juez Atkins le dijo a los alguaciles que no necesitaban traerme delante de él porque habiendo investigado sobre mí, sabía que yo era un hombre nuevo y que fueran a anunciarme su veredicto a mi favor y en segundo lugar, los alguaciles me dijeron: Puedes irte. Estás libre. Y no se dieron cuenta que salí a la calle con el uniforme de la cárcel, lo cual es prohibido. Lo importante no es llegar a oír que el hombre nos diga que somos libres, aunque eso es una buena noticia para cualquier reo, sino que es mas importante oír al Señor Jesús decirnos: VETE Y NO PEQUES MAS, NO SEA QUE ALGO PEOR TE SUCEDA.

TERCERA PARTE

En la segunda parte testifiqué sobre la forma misericordiosa y compasiva de cómo el Señor terminó cerrando el caso federal. Y final-mente quiero mostrar finalmente en esta tercera parte del testimonio lo que nuestro amado Salvador y Señor Jesús Cristo ha hecho conmigo después de salvar mi alma.

Al haber concluido esos diez años después del llamamiento, co-mencé fervorosamente a orarle al Señor para que me mostrara adonde quería El que yo le sirviera fuera de los Estados Unidos.

Meses después, un nuevo convertido de origen salvadoreño vino a la iglesia que pastoreaba en la ciudad de Miami. En uno de los servicios el Señor habló en lenguas e interpretación por medio de un hermano y dijo que el país adonde El quería que yo fuera era El Salvador.

En tres meses terminaron todos los preparativos de mi viaje hacia este país. Uno de los hermanos en Miami quiso apoyar un proyecto de inversión que respaldara la obra misionera en El Salvador, así que invir-tió un capital de $40 mil dólares aproximadamente y llenó un contenedor de 20 pies con accesorios y computadoras para que el hermano sal-vadoreño, quien había llegado a nuestra iglesia, se viniera conmigo y se encargara de la distribución.

El se encargaría de abrir una tienda para vender computadoras y accesorios. Y para hacer corta esta tercera parte que podría ser un poco larga, resumo que el hermano nos engañó y todo el contenedor desapa-reció y quedamos en un país sin personas conocidas, sin amigos y sin familia, pero Dios nos ayudó, nos abrió puertas y sobrevivimos hasta fundar una Agrupación Misionera en Centroamérica desde la cual sirvo a los propósitos para los que fui escogido por Dios.

Quiero confesar que uno de los daños más grandes que recibí del narcotráfico fue la pérdida de mi primer matrimonio. Pero la misericordia de Dios me concedió volver a tener una familia en El Salvador y encausó mi vida dándome la oportunidad de vivirla honestamente.

Agradezco la paciencia que el lector tuvo al leer todas estas pági-nas que mostraron el delito radiografiado del narcotráfico y de la tremen-da complejidad del mismo.
Las páginas de Reflexiones leídas son simplemente la percepción de una profunda experiencia personal.
Nada extraordinario hay en ellas, pero lo que sí es extraordinario fue el testimonio de cómo Dios rescató mi alma perdida sacándola del lodo cenagoso. Lo único que El quiere es rescatarnos de la insensatez de la vida para traernos a un mundo de bendiciones en donde una vida justa nos haga brillar junto a los hombres honestos y honrados de cora-zón. Que Dios te bendiga por medio de Su Hijo Jesús Cristo.


PERDON


QUIERO PEDIRLE PERDÓN AL PRESIDENTE DE COLOMBIA,
SR. ALVARO URIBE VÉLEZ Y A MIS COMPATRIOTAS
POR INVOLUCRARME EN LA ACTIVIDAD DEL
NARCOTRÁFICO.

QUIERO PEDIRLE PERDÓN AL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS,SR. GEORGE W. BUSH Y A SUS CONCIUDADANOS POR HABER CONSPIRADO, TRAFICADO Y DISTRIBUIDO DROGAS EN ESA NACIÓN.

QUIERO AGRADECER AL PRESIDENTE DE EL SALVADOR,
SR. ELÍAS ANTONIO SACA, A SU GOBIERNO Y CIUDADANOS POR DARME LA OPORTUNIDAD DE RESIDIR EN ESE PAÍS Y SERVIRLE A LOS HERMANOS SALVADOREÑOS
EN LA MEDIDA EN QUE DIOS ME LO HA PERMITIDO.

ENGEL ARIZA PEÑA
MINISTRO DEL EVANGELIO
Publicado por ENGEL ARIZA el 04/28 a las 10:18 PM
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Viernes, Enero 11, 2008

TESTIMONIO DESDE LOS CHILES, RIO SAN JUAN, NICARAGUA

En este video ustedes podrán escuchar el testimonio de un campesino que expresa que le pedía a Dios tener la oportunidad de estar con un Hombre de Negocios y escucharlo en vivo y directo y a todo color, pues él sólo los había escuchado por Radio Corporación en el corazón de las montañas de Nicaragua. Vean y dense cuenta de cómo la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO ha penetrado a lo más recóndito del territorio nicaragüense. Para ver el video haga click en: http://uk.youtube.com/watch?v=G0noQLTxJwo
Publicado por Ing. DAVID GAITAN FUENTES el 01/11 a las 02:32 PM
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Jueves, Octubre 11, 2007

TESTIMONIO DE UN NICARAGUENSE

Nací hace 47 años en Managua, Nicaragua, a orillas del Lago Xolotlán, en un hogar donde nunca faltó nada. Tuve la dicha de tener unos padres preciosos, abnegados y soy el tercero de seis hermanos. Sin embargo, permítanme contarles que cuando comencé a tener uso de razón, empecé a observar que mi padre sólo furioso vivía, parecía que algo lo atormentaba desde sus años mozos, y ese ambiente en el que comencé a crecer provocó en mí mucho miedo, temores y mucha inseguridad en mí mismo. Estos miedos que yo sentía llegaron a tal extremo que cuando yo estaba en clases y no entendía lo que el profesor explicaba, yo no levantaba la mano para preguntar, pues temía que el profesor me regañara o que mis compañeros de clases se burlaran de mí. Mi padre también me obligaba a que sólo sacara 10 en conducta y no admitía quejas mías de ninguna índole de parte de algún profesor. También mi papá cuando llegaba tomado de licor llegaba a castigar duramente a mis dos hermanos mayores, y era tanta la crueldad con que los castigaba que a mí me hacía llorar y le tenía miedo. El tiempo transcurrió y llegué a aprobar la educación primaria acarreando todos estos miedos, siendo un niño muy introvertido. Asimismo cursé mi secundaria hasta lograr bachillerarme y llegar a la universidad. Ya cursando la carrera de Ingeniería Civil, mi padre por medio de un amigo me consiguió mi primer empleo, y es así que entro a laborar como ayudante de ingeniería y llego a una oficina donde sólo borrachos habían. Lo primero que me dijeron estas personas fue que el primer salario que yo devengara era “bebible”… ¿Cómo es eso? Pregunté yo inocentemente. Ellos me contestaron que el día de pago yo tenía que invitarlos a un restaurante porque si no lo hacía yo no pasaría la prueba. Muy obedientemente yo, el día de pago los estaba invitando a un restaurante, tal a como me amenazaron, y ese día probé mi primera cerveza, pero lo terrible de todo esto fue que me quedó gustando. Y fue así que comencé una carrera alcohólica que duró 24 años. Empecé a darme cuenta que no podía ingerir licor porque cada vez que lo hacía me convertía en un salvaje, en una bestia, en un ser despreciable, en un vulgar de primera. Empecé a irrespetar a mis padres, a no ser el hijo que ellos desearon tener, empecé a ser la vergüenza de mis hermanos, a ser la oveja negra de mi familia, pues empecé a beber los fines de semana primero, y posteriormente lo hacía todos los días. Y la situación en mi casa se tornó cada vez más desesperante, pues llegaba a hacer bochinches, escándalos, irrespetaba a los vecinos y yo era un desastre. A la par del alcoholismo agarré el vicio del tabaquismo y me volví también un fumador empedernido. Cuando ya tenía 4 años de estar con este alcoholismo, un día mi madre ya desesperada por el ambiente infernal que se vivía en mi casa por mi alcoholismo, me enfrentó y me increpó diciéndome que buscara cómo formalizar mi vida, que buscara yo como casarme, pues ya no me aguantaban. Recuerdo que le contesté a mi madre que yo no estaba loco y que por favor no me volviera a mencionar eso porque yo me sentía que estaba viviendo la gran vida y que no pensaba en casarme, y esto se lo dije de una forma vulgar e irrespetuosa. Fíjense que a los pocos meses que mi madre me dijera eso, en ese mismo año, apareció en escena la que hoy es mi esposa: una muchacha de 20 años de edad que venía del interior del país a la capital a seguir sus estudios superiores, a buscar un futuro mejor para ella y su familia. Ella llegó a laborar a la misma institución donde yo trabajaba, y yo al verla, me enamoré tanto de ella que busqué la manera de cómo conquistarla; empecé yo a cortejarla y a demostrarle algo que yo no era. Fíjense que ella al fijarse en mí, lo primero que me preguntó fue que si yo bebía guaro. Claro que se lo negué y cuando estuvimos de novios por espacio de 11 meses, ella se lo creyó, y fue así que transcurrido todo este tiempo, nos casamos. Al casarnos, ella no se imaginaba el calvario al cual estaba entrando, pues yo, antes del mes de habernos casado empecé a sacar las uñas, empecé a demostrarle quien era yo: un verdadero alcohólico; y esta muchacha se llevó la peor decepción de su vida, pues ella venía buscando algo bueno, algo mejor, y ya ven con lo que se fue a encontrar. Posteriormente, nace mi hija mayor Luisa Marcela, quien tiene en la actualidad 20 años, y cuando ella nació, empezó a crecer viendo a su padre cómo llegaba todos los días borracho haciendo escándalos, bochinches, gritándole a su madre, a ella misma, pateando lo que encontrara a su paso, quebrando todo, y esta niña llegó a tenerme miedo, pues cada vez que yo llegaba bien bolo, picado, embriagado, ella se escondía debajo de la cama, esta niña temblaba, vivía en un ambiente infernal. Y yo no medía las graves consecuencias que estaba ocasionándoles a mi esposa y a mi hija con mi mal proceder por el alcoholismo, pues yo notaba que en mi trabajo a mí nunca me llamaban la atención por llegar con aliento alcohólico, de goma o resaca, más bien notaba que en la medida que iba yo avanzando académicamente, me aumentaban mi salario y me promovían de puesto, entonces yo creía que estaba llevando una vida normal. Fíjense que producto de este alcoholismo pasé alquilando casa por espacio de 15 años, jamás me preocupé por comprarles un techo digno a mi esposa y a mis hijas. También me metí a problemas financieros, pues adquirí dos tarjetas de crédito; y ojalá éstas hubieran sido para proveer a mi casa, eran sólo para andar bebiendo guaro, despilfarrando el dinero que no era mío en francachelas, bacanales, pues ya borracho me agarraba por andar invitando a gente que ni siquiera conocía… ¡me convertí en un ladrón de mi esposa y de mis hijas, pues les robé el sustento al que ellas tenían derecho! Llegué a tener problemas de salud, pues como ya no podía pagar las tarjetas de crédito porque estaban topadas hasta el límite, y además que fiaba en las pulperías guaro para seguir bebiendo, esto provocó que padeciera de insomnio e ingiriera pastillas para poder dormir: diazepán, ansiolíticos, calmantes, etc. Ya desesperado por tantas deudas, un día de tantos intenté lanzarme de la ventana del segundo piso de una de las casas que alquilaba. Bueno, así estaba mi vida, y se me presentó la oportunidad de salir de estos problemas… ¿Cómo? Una mañana llegó un ingeniero a proponerme que le hiciera un trabajo: un diseño vial, pues, ésta es mi especialidad. El me pagó como tres veces el salario que yo devengaba en ese momento, pero como siempre, dinero que agarraba, dinero que me lo cruzaba por la garganta en licor. No obstante, al mes siguiente, el mismo ingeniero llegó a mi oficina y esta vez me propuso que renunciara a mi trabajo para que me fuera a trabajar con él a otra institución, en la cual ganaría un salario siete veces mayor que el que devengaba en ese momento y que llegaría a ocupar un puesto en el cual sería jefe de una oficina. Después de pensarla como por espacio de 15 días, y por los miedos que yo acarreé todo el tiempo de mi vida, a mí me costó tomar una decisión rápida y temía que ese ingeniero me estuviera tomando el pelo. Además, el alcoholismo me tenía con el cerebro obtuso, pues yo creía que porque tenía hasta este momento de laborar 13 años ininterrumpidamente, yo no podría tener la capacidad de poder trabajar en otro lado y que allí permanecería hasta que yo muriera. Efectivamente, pasé a laborar para esa institución por espacio de 8 años, y llegué a ocupar un puesto en donde era yo el que revisaba y aprobaba los proyectos viales, y es así que mi alcoholismo creció como una bola de nieve, pues los interesados en dichos proyectos para conseguir algún favor o ayuda de mi parte, ellos me invitaban a diario a restaurantes, bares para beber licor desmedidamente. Las deudas también crecieron de una forma exorbitante, pues ya en este período ya no eran dos tarjetas de crédito las que yo tenía sino que eran cinco, y como siempre, no proveía con ellas nada para la casa y sólo eran para andar bebiendo más guaro y haciendo cosas indebidas y pecaminosas. En este período nace mi segunda hija Marjorie Guadalupe, quien tiene en la actualidad 13 años, y se une al grupo de las personas que sufrieron por mi alcoholismo. Y yo me iba convirtiendo en un ser más prepotente, era más vulgar, era un gran soberbio, orgulloso, vanidoso y cada vez era más insoportable la situación en mi casa porque yo llegaba haciendo más escándalos, ofendía al vecindario, había convertido mi casa en un infierno. Ya en este período llegué a deberle a la persona que me alquilaba la casa un año de renta, es decir, la cantidad que arañaba los dos mil dólares, y lo peor del caso era que esta persona laboraba en la misma institución en donde era yo funcionario, entonces esta persona me cobraba todos los días no importando donde yo estuviera o con quien yo me encontrara… ¡era una situación desesperante la que yo estaba viviendo, ya no se diga mi familia! Así estaba mi vida cuando una mañana, un ingeniero que ya falleció, me llamó a su despacho para decirme que un grupo de consultores japoneses vendría a Nicaragua a hacer un estudio y que se escogería a un ingeniero vial que trabajaría con ellos. Yo le dije a esta persona que escogiera al que quisiera, pues yo en ese momento pensaba nada más en cómo resolver el problema financiero que estaba atravesando y ya pendía sobre mí la amenaza de desalojo de parte de la persona que me alquilaba la casa. Fíjense que yo fui el escogido, y es así que paso a trabajar con estos japoneses a otra oficina. Pero ya estando en ese lugar, yo no sentía paz, sosiego, pues estaba tan atribulado con tantas deudas que ya no hallaba qué hacer, ya no aguantaba a los cobradores que llegaban a buscarme en unas motos bulliciosas, me escondía para que no me encontraran… era terrible aquella situación que no se la deseo a nadie. Así estaba mi situación, cuando una tarde hice una oración por escrito en una computadora que yo tenía asignada sobre mi escritorio, y fíjense que a los tres días de haber hecho aquella oración, me mandó a llamar el jefe de la misión japonesa a su despacho para decirme que yo iba para Japón a realizar un posgrado. Sinceramente señores, a mí no me dio frío ni calor esa noticia porque yo lo que deseaba en ese momento era que el japonés me dijera que me estaba entregando un fajo de dólares para que fuera a pagar lo que debía, pero dije yo en mis adentros: ¿Y qué gano yo con este viaje? Fíjense que afortunadamente ellos me enviaron a Japón, y era la primera vez que yo salía de mi país; y hoy entiendo que había un propósito con ese viaje, pues con los viáticos que me dieron pude pagarle a la persona que me alquilaba la casa y que me había amenazado con el desalojo, pagué las tarjetas de crédito, los lugares donde fiaba el guaro, y como siempre, las sobras eran para mi esposa y mis hijas, siempre las dejé en último lugar. Estando en Japón, en vez de tomar una actitud de agradecimiento, una actitud de escarmiento, por haber salido de los problemas hacía unos días antes, allá seguí bebiendo guaro, tal como si no hubiera pasado nada, así era yo de irresponsable y de yoquepierdista. A mi regreso a mi país, inmediatamente en mi trabajo me ascendieron de puesto, me incrementaron mi salario, me asignaron vehículo, celular, viajé a otros países como México, Estados Unidos, Canadá, me concedieron muchas prerrogativas, en síntesis, me dieron a probar las mieles del poder, y eso provocó que mi ego creciera más, me volví más soberbio, más orgulloso, más arrogante, y en mi casa era más prepotente, más vulgar, el ambiente era más desesperante, mis hijas ya no me veían del todo porque yo les decía que andaba trabajando, que estaba en reuniones… ¡mentiras, bebiendo y despilfarrando el dinero es que estaba! Hoy entiendo y reconozco que a mi esposa y a mis hijas les robé el tiempo de calidad que ellas se merecían, no les di amor que ellas necesitaban. Estando viviendo esta situación, llegó el momento en que hubo un cambio de autoridades en la institución donde yo trabajaba, y estas personas llevaron a su personal de confianza lo que provocó que comenzaran a despedir a los trabajadores, y fue así que yo puse la renuncia a mi cargo con prepotencia, vanidad y orgullo porque yo decía que yo no iba a permitir que nadie me pusiera las manos encima, y además que yo poseía un currículum que no cualquiera lo tenía, y me jactaba que había estudiado en Japón y que había viajado a otros países. También expresé con mucha soberbia, que yo poniendo mi renuncia, al día siguiente encontraría un empleo donde a mí se me antojara. Miren señores, a partir de ese día, a mí se me cerraron las puertas, pues empecé a buscar empleo y no pude encontrarlo por espacio de 3 años. Y es así que en este período, ya sin dinero, mi alcoholismo llegó a unos niveles degradantes, como ya no podía comprarme aquel guaro fino que yo bebía, entonces empecé a beber guaro del más barato: guarón, lija, cususa (nombres de aguardientes que se mencionan en mi país), y ya no bebía por gusto sino que bebía guaro por desesperación, pues llegué al extremo de no tener ni para el pasaje de un bus. Y es así también, que ya desesperado al llegar a la casa y encontrarme con sólo problemas, llegué al extremo de agredir físicamente a mi esposa y a mis hijas. Cada vez que mis hijas me pedían algo de comer, yo las agredía; cada vez que mi esposa me decía que hacía falta algo, yo la golpeaba… ¡era desesperante esta situación! Yo lo que hacía era ocultarme en el alcohol para no enfrentar la realidad. A estas alturas mis hijas y mi esposa me corrieron de la casa, ellas no soportaban verme, en ellas habían grandes resentimientos, odios en sus corazones, pero cómo no iban a haberlos si yo fui un salvaje, un verdugo con ellas. Así estaba mi vida sin deseos de seguir viviendo porque yo me consideraba una basura, una lacra, un inepto, cuando una mañana llegó una mujer a invitarme a un desayuno, a que visitara un capítulo de la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO; ese día entré a ese restaurante y yo no salí igual de ese lugar porque algo precioso me sucedió esa mañana que es lo que quiero compartirles: Ese día me presentaron ese amigo fiel, que hoy gobierna mi vida, y Él es: JESUS DE NAZARET. Esa mañana yo repetí una oración, y para honra y gloria de mi Cristo Jesús, hoy tengo 4 años de no consumir lo que es una gota de alcohol, de no fumarme un cigarrillo, de haber sido sanado de la diabetes para honra y gloria de Su Santo Nombre, de tener un hogar restaurado completamente por este amigo fiel que es JESUS DE NAZARET, de tener un negocio propio donde Él es mi jefe principal. Hoy tenemos una casa propia en donde se mueve el Espíritu Santo de Dios. Hoy en mi casa ya no se respira violencia familiar, hoy lo que se respira es paz, gozo, alegría, amor que sólo Cristo Jesús nos ha podido dar. Hoy mi esposa, mis hijas y yo le servimos a Cristo Jesús en los capítulos de la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO porque estamos eternamente agradecidos por lo que Él ha hecho en nuestras vidas y puede obrar en la tuya a partir de hoy si te dispones a aceptarlo como el Señor de tu vida. Finalmente, sólo quiero pedirte que repitas conmigo esta pequeña oración, allí frente a tu computadora, que fue la que permitió que Cristo Jesús entrara a mi vida: “Padre Celestial, te pido perdón por todos mis pecados. Hoy te reconozco y te acepto como mi Único Señor, Único Salvador y Único Redentor de mi vida. Creo firmemente que moriste por mí en la Cruz del Calvario y que al tercer día resucitaste de entre los muertos. Te pido que hagas de mí la persona que tú quieres que yo sea. Todo esto te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén y Amén.

¡Muchas gracias!

DAVID GAITAN FUENTES
Managua, Nicaragua
Publicado por Ing. DAVID GAITAN FUENTES el 10/11 a las 12:55 PM
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Martes, Julio 10, 2007

TESTIMONIO DE DAVID GAITAN FUENTES EN VIDEO

Estimados fraternos: Les invito a ver un video de mi testimonio presentado en un Avivamiento celebrado por FIHNEC en el Municipio de San Francisco Libre, Departamento de Managua el 14 de diciembre del 2006. Sólo tienes que hacer clic en el siguiente vínculo: http://www.youtube.com/watch?v=yTdsU2_6gVk
Publicado por Ing. DAVID GAITAN FUENTES el 07/10 a las 10:54 AM
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Domingo, Abril 22, 2007

Testimio de Perdon, Liberación y Sanación

Mi nombre es Claritza. Nací en Chinandega, Nicaragua, tengo 37 años y dos hijos actualmente soltera. De una familia humilde al terminar la Secundaria tuve que viajar a estudiar fuera del país porque mi madre no tenia como mantener mis estudios por ser de escasos recursos, pero me fui en desobediencia por que ella nunca estuvo de acuerdo de que me fuera y como consecuencia de mi desobediencia regrese a Nicaragua con una carrera truncada y además embarazada lo que trajo como consecuencia que cometiera un gran crimen el del aborto. Después vague en el mundo sin dirección y conocí al padre de mis hijos con el cual pase una relación de amarguras porque éste se conoció otra persona y comenzó en vez de pareja un trío por otro lado comencé a endeudarme y lleve una vida llena de infidelidades en respuesta a lo que estaba viviendo así pasaron largos ocho años hasta que un día fui invitada a este precioso ministerio al cual hoy pertenezco. Llegue dudosa, pero un abrazo limpio de amor y amista me hizo seguir yendo y hoy tengo ya cuatro y algo mas de pertenecer en este tiempo Dios ha podido limpiarme de mi mal comportamiento ha saneado muchas deudas he podido pedir perdón a las personas que un día ofendí he aprendido a servir humildemente, me sanó de cáncer de mamas, migraña crónica y de un derrame cerebral, o sea he aprendido a confiar todas mis cargas al que todo lo puedo voy por el mundo dando mi testimonio al que lo quiera oír y hoy he decido también publicarlo y actualmente tuve que viajar a España a trabajar y Dios me ha abierto las puertas y he encontrado buenas personas que me han acogido como en familia, ademas déjame decirte que para Dios no existe el pasado y no importa cuan difícil sea lo que estas pasando o que tan bajo hayas caído él siempre esta atento a tenderte una mano para levantarte todo es que te pongas en las manos de él en el nombre de su hijo Jesús. Ahora sino te importa repite conmigo esta oración: “PADRE CELESTIAL EN EL NOMBRE DE JESUS TE RUEGO QUE PERDONES MIS FALTAS QUE COMETIDO CONSIENTE E INCONSIENTEMENTE Y HOY YO TE ACEPTO COMO MI UNICO SANADOR, LIBERTADOR Y GUIADOR DE MI VIDA EN EL NOMBRE DE TU HIJO AMADO JESUS DE NAZARET”. Este testimonio ha sido para la honra y gloria de nuestro señor Jesuscrito.
Publicado por Clary el 04/22 a las 08:08 AM
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Martes, Enero 30, 2007

Testimonio de Bart De Wolf, ciudadano Belga residente en El Salvador

Nací en Bélgica en 1966. Recibía enseñanza acerca de la religión cristiana de mis 6 hasta mis 18 años en las escuelas en Bélgica, y me preguntaba si Dios realmente existía y si el Señor Jesúcristo verdaderamente habría caminado sobre la faz de la tierra casi dos mil años antes. Pero no llegué a creer.

Luego me sucedió lo que está escrito en la Biblia en la carta a los Romanos: Dios se ha manifestado a los hombres, pero no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; por lo cual Dios los entregó a inmundicia y a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen (Romanos 1:19-28).

Fui poseído por un espíritu inmundo el cual me llevó a hacer cosas cada vez más vergonzosas: tomaba casi a diario cerveca, vino y licores; usaba pastillas de codeína; al fin tomaba mis pastillas de codeina con un vaso de licor; compraba y leía revistas y literatura pornográfica; frecuentaba las prostitutas, salones de masaje y clubes eróticos; iba a ver al cine pornográfico y a espectáculos de striptease; cometía toda clase de perversidades estando yo solo en mi departamento; me puse un tatuaje de un diseño erótico.

Como no creía en Dios creía en otras cosas: siempre leía mi horóscopo en el diario y en revistas; luego apareció la astrología china en los diarios; compré libros acerca de ella; de allí conocí el I Tjing y el Feng Shui; también me inicié en la practica del Yoga.

Escuchaba toda clase de musica rara. Me despertaba en las mañanas con el equipo de sonido a todo dar, puesto un cd de Nina Hagen o de Deep Purple o de Sepultura, etcétera. Era una persona muy colérica, emocionalmente inestabil, facilmente deprimido, etcétera.

Después de graduarme en la carrera de Licenciado en Informática en 1988 convivi durante casi siete años con una muchacha y luego la dejé. Tuve unas relaciones cortas y luego conocí a una mujer salvadoreña en una clase de Yoga en Bélgica. En julio de 1996 nos trasladamos a El Salvador.

Nos casamos en El Salvador. Me enfernmé del estomago y perdí unos 20 libras de peso. Me sentía muy mal, el calor pesaba sobre mi, caminaba arrastrandome como un anciano, no tenía fuerzas en mi cuerpo. Nuestro dinero se acabó. Nació la primera niña al final del '96. Tuve problemas en mi nuevo matrimonio.

Fui invitado a un desayuno de una organización llamada Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo en marzo de 1997. Hasta un año después fui a un seminario SAEL de ellos. Luego empecé a asistir a una iglesia. Hubo un cambio importante en mí: escuchando los muchos testimonios en esta Fraternidad y las predicaciones en la iglesia, en la radio y en la televisión, el que antes se preguntaba si Dios realmente existía ahora empezó a creer y a buscar de todo corazón Dios. Y deseché de mi vida todos aquellos vicios y creencias que le mencioné.

En agosto de 1998 me desperté una noche, vi una luz blanca, en media de ella vi un brazo extendido hacía mi, y escuché una voz que me dijo: "Ven". ¡El Señor Jesús me llamó! Y me dejó un recordatorio permanente, un punto ciego en la parte inferior central de la vista de mi ojo derecho. El 18 de octubre de 1998 fui bautizado en aguas y 5 días despúes alguién oró por mi en una Convención de la Fraternidad y mi cuerpo dio vueltas en el piso y gritos salieron de mi boca. ¡Un espíritu inmundo salió de mí!

Dios puso 3 coincidencias con eventos nacionales e internacionales en mi testimonio para confirmarlo.
• Testifiqué en vivo en un canal de televisión de El Salvador el sábado 31 de octubre de 1998, el día que le huracán Mitch empezó a azotar al país.
• Un video de mi testimonio fue transmitido por el canal de televisión cristiana Enlace-TBN desde Costa Rica hacía todos los países latinos el viernes 12 de enero de 2001, y el siguiente día sobrevino el gran terremoto en El Salvador.
• El 11 de septiembre de 2001 fueron atacadas las torres en Nueva York y este mismo día nació mi tercer hijo.

En cierto momento publiqué estas coincidencias en mi sitio pero a los días las miré demasiado raras y las quité. Pero el Espíritu Santo estaba obrando en mí y me dio convicción para publicarlas nuevamente y no volver a quitarlas. Unos quince días después, el lunes 11 de marzo de 2002, un hermano oró por mis ojos. Sentí un gozo que me invadió y sentí que mi ojo izqierdo se estremeció. Dos días después me di cuenta que podía trabajar en la computadora sin mis lentes. Antes veía todo 2 veces, usaba lentes con prisma para hacer coincidir las imágenes.

Visíte mi sitio FuegoDelRey.org para leer detalles de mi testimonio y mucho más...
Publicado por bart4jesus el 01/30 a las 12:51 PM
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